En 2005, en pleno “boom” inmobiliario, la entonces ministra de Vivienda, María Antonia Trujillo, apostaba por los “minipisos” , habitáculos de entre 30 y 45 metros cuadrados de protección oficial, destinados al alquiler para jóvenes. La iniciativa fue acogida en su día con división de opiniones, en un momento en que la escasez de oferta y los elevados precios convertían este tipo de viviendas en un objetivo preciado. Salieron a la luz pisos de 25, 20, 15 y hasta siete metros cuadrados.
Cuatro años después, la Generalitat prohíbe por decreto construir pisos de menos de 40 metros en Catalunya, como publica La Vanguardia.es, modificando la normativa vigente hasta ahora, que establecía el mínimo en 30. El decreto no afecta a viviendas ya construidas –¡que nadie se asuste!-, pero exige como requisito necesario disponer de cédula de habitabilidad y cumplir con unos mínimos.
Aunque los “minipisos” han vuelto a ocupar las primeras páginas de actualidad, no se trata de una novedad ni de ahora ni de hace cinco años. No podemos perder de vista que a principios de los años 70 más de medio millón de viviendas españolas no llegaban a alcanzar una superficie útil de 30 metros cuadrados. Sin embargo, a pesar de la notoriedad que han alcanzado, ya no son la tónica dominante. Tres décadas después, este tipo de pisos ha reducido su número a una décima parte. El mercado manda.











